Cierto día, como era habitual un hermoso joven estaba enfrente de un espejo, éste, quién era completamente egocéntrico por su notoria belleza, con sus aires fidedignos se hablaba:
- ¡Qué guapo eres!.. en serio, veo la perfección en mis facciones. Mientras se acariciaba el mentón y arreglaba su cabello.
Sus autohalagos se prolongaron y a su par realizaba coquetos movimientos, su sonrisa comenzó a desaparecer para ahora tener un aspecto inmutado.
El reflejo del espejo estaba inerte, no hacía lo mismo que él... de inmediato se pasmó y el pavor invadió su cuerpo al notar que aquel reflejo, su reflejo, lo miraba directo a los ojos con una sórdida sonrisa...
Por si fuera poco, el macabro espejismo, comenzó a desfigurarse con sus propias manos, arañándose y despellejando su bello rostro. Que macabra era la escena, el ya desgraciado rostro de inmediato comenzó a pudrirse.
El guapo joven seguía totalmente anonadado pero no dejaba de ver el acontecimiento que lo tenía atado a la desesperación y miedo... el mismo que se incrementó al notar que el reflejo, se acercaba a él, arrimó sus manos en el marco del espejo, y con un rostro totalmente horrendo le dijo :
¿Lo notaste? No importa cuando bello y presuntuoso seas, terminarás como todos, podrido y esquelético... nunca más querrán verte la cara y con el tiempo te olvidarán ...
El reflejo después de tirar una carcajada muy siniestra se introdujo nuevamente en el espejo. El joven, por su parte gritó y se desvaneció.





