NO MIRES ATRAS

NO MIRES ATRAS

En un pequeño pueblo rodeado por densos bosques, dos jóvenes, Lucas y Sara, decidieron aventurarse en una oscura noche de luna llena. Con una linterna temblorosa como única guía, se adentraron en la espesura, dejando atrás las luces tenues del pueblo que se desvanecían en la distancia.

A medida que avanzaban, una inquietante sensación de ser observados los envolvía. Lucas, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda, se detuvo de repente y giró la cabeza, buscando alguna señal de lo que los acechaba. En el instante en que sus ojos se posaron en la negrura detrás de ellos, una sombra oscura se abalanzó sobre ellos.

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Lucas gritó de dolor cuando sintió cómo su brazo era arrancado de cuajo. Sara, horrorizada, intentó huir, pero algo la derribó con brutalidad. Miró hacia atrás justo a tiempo para ver cómo su pierna desaparecía en la oscuridad.

La criatura, una masa informe de sombras y oscuridad, los perseguía implacablemente, alimentándose de su carne con cada mirada que le dirigían. Sabían que no podían permitirse otra mirada hacia atrás, pero el miedo los consumía y la tentación de ver qué los perseguía era abrumadora.

Con cada paso, la criatura se acercaba más, su presencia siniestra envolviéndolos como una manta helada. Finalmente, llegaron a un claro en el bosque, un pequeño oasis de luz en medio de la oscuridad. Creyeron que estaban a salvo, pero la criatura los alcanzó justo cuando cruzaban el umbral.

Lucas y Sara se abrazaron, sabiendo que su destino estaba sellado. La criatura los rodeó lentamente, emitiendo un susurro gutural que resonaba en sus mentes. Con un último aliento, se prepararon para el inevitable final.

Entonces, la criatura se abalanzó sobre ellos con ferocidad, agarrando a Lucas con sus garras sombrías y desapareciendo en la oscuridad con un susurro malévolo. Sara quedó sola en el claro del bosque, temblando de terror y desesperación, mientras la oscuridad engullía a su amigo para siempre.

Nunca más volvieron a ver a Lucas. Sara regresó al pueblo, con el corazón lleno de tristeza y la mente plagada de horribles pesadillas. La gente del pueblo nunca supo qué había sucedido realmente en el bosque aquella noche, pero Sara llevó el peso del conocimiento hasta el final de sus días, atormentada por la pérdida de su amigo y el oscuro secreto que el bosque guardaba celosamente.2

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