NAVIDAD SIN TI

Navidad Sin Ti

La navidad siempre fue mi época favorita del año. Al ser la primera niña en mi familia era muy MIMADA, no solo por mis padres sino también por mis abuelos y tíos.

Recuerdo nuestro árbol de navidad repleto de regalos solo para mi, y la cara de mis familiares al ver como abría cada uno de sus obsequios con total emoción.

Al crecer y formar mi propia familia, este sentimiento se acrecentó aun más con el nacimiento de mi hijo Sebastián, él era todo para mi.

Cada vez que armabamos el arbolito veía como se iluminaba la cara de ilusión de mi hijo, y al abrir sus regalos pude sentir la misma emoción que sentía mi familia cuando yo era una niña recibiendo mis obsequios.

Sebastián amaba los ángeles, con los cuales adornabamos nuestro árbol, es por eso que cada veinticuatro de Diciembre despertaba con una figurita de un ángel al lado de mi cama, obsequio que me dejaba Sebastián, motivo por el cual que yo lo llamaba mi ángel personal, sin saber que eso sería algo literal.

Era tradición cada veinticinco de Diciembre, luego de que Sebastián recibiera sus regalos, ir a visitar a la familia para intercambiar nuestros obsequios, pero en la décima navidad de Sebastián esta tradición se me convirtió en una pesadilla.

Aquella mañana luego de que mi hijo abriera sus regalos, como todos los años, decidimos ir a casa de mis padres. Recuerdo que llovía copiosamente y el tráfico estaba totalmente descontrolado, al parecer todo el mundo tenía prisa por llegar a casa de sus familiares.

Fabián mi esposo, en ese momento ya estaba perdiendo la paciencia entre tantos bocinazos, por lo que salió de la carretera para tomar una vía alternativa. A toda velocidad salió del carril, sin percatarse que del otro lado venía un camión sin control, por haber perdido los frenos.

Nos golpeamos de frente con aquel camión, perdiendo el conocimiento en el acto.

A los dos días desperté en la clínica totalmente golpeada, con mi cara desfigurada por el impacto, pero con la angustia de saber de mi hijo.

Pregunté por él a una enfermera, pero ésta sólo guardó silencio.
Esto me angustiaba aún más, por lo que traté de levantarme de la cama con mucho dolor y fui en busca de respuestas.

Al salir al pasillo me encuentro con un médico al cual le hago la misma pregunta, él agachó la cabeza y me dijo.

-Señora vuelva a su habitación, ya le enviaré a alguien que le de noticias -

Volví a mi habitación y me recoste en la camilla sintiendo que algo había en mi espalda, al meter la mano para buscar aquel objeto, me encontré con la figurita de un ángel.

Sentí en ese momento como un escalofríos recorría todo mi cuerpo y el miedo se apoderaba de mi. En mi interior sospecha lo que ocurría. Lance un grito desgarrador, salido desde mi alma el cual alarmó a las enfermeras corriendo a mi auxilio.

Les grite que me dijeran donde estaba Sebastián. Una de ellas me abrazó fuertemente y susurro a mi oído que mi hijo había fallecido.

No tengo palabras para explicar el dolor que esas palabras provocaron en mi, sentía como mi corazón se hacía mil pedazos y mi cabeza daba vueltas sin encontrar explicación de porque la vida era tan injusta, sentí un fuerte dolor en el pecho y en mi vientre, y mientras las enfermeras me aplicaban un sedante fui cayendo poco a poco en un sueño profundo.

Aquel sueño me llevó a un lugar mágico, muy luminoso en donde estaba Sebastián esperándome con los brazos abiertos, corrí con los ojos llenos de lágrimas y pude sentir su cuerpito entre mis brazos, no quería soltarlo jamás, pero en ese momento apareció mi abuela quien había fallecido unos años antes y lo tomó de la mano.

Le rogué que no se lo llevara, pero ésta me dijo que ya era hora de partir... Rogué nuevamente para que me llevarán con ellos, pero ella me dijo que aún no era mi tiempo.

Me quedé sola en aquel lugar escuchando el último "te amo mamá" de mi hijo, quien se desvanecía entre una densa luz.

Desperté aún con lágrimas en los ojos y el constante dolor que no se pasaba ni con los sedantes que me aplicaban.

Pasaron los días y me dieron el alta, por mi estado no pude estar presente en el funeral de mi hijo. Por lo cual el dolor se hacía aun más intenso al no aceptar el duelo de su pérdida.

Fabián producto de la culpa, se sentía aún peor que yo, motivo por el que no pude apoyarme en él. En el fondo de mi corazón yo también lo culpaba por su imprudencia, pero tampoco era capaz de reclamarle.

Al pasar los meses ya no eramos capaces ni siquiera mirarnos a la cara, por esto llegó el día en que tomó la decisión de alejarse de mi. En un principio sentí que era injusto que arrancara de nuestro dolor, pero al pasar los días me di cuenta que era lo mejor para ambos.

Luego de su abandono me reclui en mi casa, ya no quería salir ni ver a nadie. La presencia de cualquier persona me molestaba, así fui alejando a mi familia y amigos, hasta quedar completamente sola con mi dolor cayendo en una profunda depresión.

No negare que trate de quitarme la vida en varias ocasiones, pero parecía que la vida no me dejaría escapar tan fácilmente.

Al llegar la primera navidad sin mi hijo, fue como un golpe, nuevamente reviví en mis recuerdos cada una de las navidades pasadas, momentos llenos de felicidad que ahora se habían convertido en una pesadilla. Bajé al sótano de mi casa en donde guardabamos el árbol y los adornos navideños y los queme, como símbolo de que jamás en mi vida festejaria aquella época.

Mientras veía como el fuego consumía los restos del árbol, mis lágrimas brotaban de mis ojos cayendo por mis mejillas, quemando mi piel como si fueran lágrimas de fuego, sintiendo la desesperación en mi vientre causandome un intenso dolor.

Desde aquel entonces traté de evitar la navidad, cerraba las cortinas para no ver las luces navideñas de las casas vecinas, y ponía música fuerte para no escuchar la música navideña ni la risa de los niños de mis vecinos. Para mi, cualquier demostración de alegría por aquella festividad era como una ofensa a mi dolor.

Poco a poco fui cayendo en el alcohol para poder apaciguar mi dolor, convirtiéndome en una mujer totalmente deshecha y despreocupada, llegando a la decadencia.

En las noches vagaba por las calles buscando algún vagabundo con los cuales poder compartir un trago y mi tristeza.

Así fueron pasando los años, manteniendome con una pequeña pensión que me depositaba Fabián, a pesar de todo, jamás me dejó desamparada económicamente, no sé si por culpa o talvez por amor, pero a esas alturas la verdad es que ni siquiera me importaba. Solo me importaba tener el dinero suficiente para poder adquirir el alcohol, que según yo, me ayudaba a olvidar.

Recuerdo las conversaciones con los vagabundos, la mayoría con hijos abandonados, los que por decisión propia decidieron alejarse algunos por infidelidad de parte de sus esposas, que no pudieron perdonar, llegaron a sumirse en el dolor por el ego herido dejando atrás a sus hijos que no tenían la culpa de los desaciertos de sus madres.

Yo no podía entender como alguien decidiera alejarse de sus hijos, sufriendo dolor por no poder verlos, lo encontraba inconsecuente. Yo les decía que ellos aún tenían oportunidad de recuperar a sus hijos, que aún tenían la esperanza de volver a sentir un abrazo, mientras que yo solo tenía una fría tumba donde poder ir a llorarle.

Debo mencionar vergonzosamente, que nunca fue mi intención ayudar a nadie, pero al parecer mis palabras hicieron peso en José, un vagabundo que llevaba ocho años en la calle, quien después de escucharme en silencio, tomó la decisión de visitar a su hijo, ésto le dio valor de cambiar y recuperar su vida.

A los meses me lo volví a encontrar en un parque, me dio tanta felicidad verlo de la mano de su hijo tomando un helado. Me miro y me reconoció, caminó hacia mi y me presento a su hijo, un hermoso niño, quien tenía los ojos de su padre. En ese momento no puedo negar que sentí envidia por lo que me despedí rápidamente y me fui a casa.

Al llegar me encontré con una sorpresa, Fabián me estaba esperando en la entrada de mi casa. En ese momento no pensé en nada y me avalance en sus brazos. Me di cuenta que me hacía mucha falta. Sentí lo que no había sentido en varios años, un abrazo de afecto, pude notar que a pesar del tiempo, nuestro amor no se había acabado, por lo que me entregué en sus brazos reviviendo el amor que creía perdido.

Después de pasar esa noche juntos el volvió a su ciudad, con la promesa de que arreglaría algunos asuntos y luego volvería por mi.

Me sentí culpable en ese momento de volver a ser feliz, por lo que fríamente le contesté que no era necesario, que él ya tenía otra vida y yo la mía. Él con notable dolor no me dijo nada y solo se marchó.

Al llegar la noche volví a mis caminatas nocturnas en busca de mis indigentes amigos, sentía que solo ellos podían entender mi dolor al compartir unos tragos, pero al pasar las semanas me di cuenta que el alcohol me hacía más daño de lo habitual, provocandome vómitos y desmayos, de hecho fue en uno de estos que perdí el conocimiento por un tiempo prolongado, por el cual desperté en un hospital.

Estaba confundida y esperaba lo peor cuando se me acerco el médico con mi diagnóstico, sin pensar nunca en la opción de estar embarazada nuevamente.

-Debes dejar de beber, tienes un embarazo de aproximadamente cinco semanas, por lo que te desintoxicamos, para que puedas llevar bien la gestación de tu hijo-

Estas palabras cayeron como un balde de agua fría, era algo que no me esperaba y que no iba a aceptar... No reemplazaría a Sebastián con otro hijo.

Al salir del hospital busque incesantemente la forma de liberarme de aquel embarazo, vendí algunas cosas de valor que aún me quedaban y agende una hora para abortar en una clínica clandestina.

Cuando llego el momento en el cual me desharia de ese peso, me llamaron para informarme que el médico había sufrido un accidente por lo que no podría realizarme aquel aborto... Maldije mi suerte en ese entonces, pero no me daría por vencida.

Comence a consumir productos abortivos, a tomar pastillas y un sin número de remedios caseros que supuestamente me producirían una pérdida, pero nada de eso dio resultado.

Pasaron las semanas y me llamaron de la clínica, para avisarme que el médico ya estaba recuperado y que me agendarian una nueva hora, pero el precio había subido por lo que tendría que cancelar una diferencia. No lo pensé y acepte en el acto, sentí que por fin me desharia de mi "problema".

Fui al sótano a buscar algunas cosas para vender, pero al sacar un pequeño joyero de la parte alta de un armario se cae una cajita la cual contenía los ángeles con los que adornaba mi árbol de navidad y que se me había olvidado quemar junto a las demás cosas.

Al tomar uno de ellos entre mis manos, reviví todos mis recuerdos de las navidades junto a Sebastián y extrañé sentir esa alegría.... Llame a la clínica y cancele la hora, en ese momento decidí volver a ser feliz.

Cuando se acercaba el momento del parto, nuevamente sentí culpa y miedo de olvidarme de Sebastián a causa de este nuevo hijo, pero al dar a luz en una noche de navidad y al ver a una hermosa niña, que ponían sobre mi regazo, entendí que el amor que sentía por ella era distinto al que sentía por Sebastián, no mejor ni más grande... Simplemente diferente.

Así recupere mi vida, dejé mis caminatas nocturnas y mi gusto por el alcohol, con Ivonne estaba viviendo una nueva experiencia... Una nueva vida y una nueva ilusión, ella llegó a renovar mis ganas de vivir y de seguir luchando.

Cuando mi niña cumplió los tres años de edad célebre su primera navidad, ella estaba muy emocionada. Aquella mañana corrió a mi cama a despertarme y con un abrazo me dijo.

-Mami un ángel te envía esto -

Extendiendo su pequeña manito pude ver que tenía la figurita de un ángel. Mis lágrimas brotaron en ese instante y la abrace fuertemente....

-Mami, Sebastián dice que ya no llores, que ya es tiempo de ser feliz, que él es tu ángel y que eso no debes olvidarlo-

Sentí en ese momento como mi corazón se llenaba de amor, pese a la ausencia de mi hijo, y que mi niña era el mejor regalo de navidad que pudiera recibir... El regalo que me envió mi hijo para sanar mi herido corazón.

Desde ese entonces cada mañana del veinticuatro de Diciembre vamos con Ivonne al cementerio a dejarle una figurita de un ángel a Sebastián, ya es nuestra tradición... Tradición a la cual se nos unió Fabián con quien estamos tratando de recuperar el tiempo perdido.

Para muchas personas la navidad es solo una fecha más, y talves sea así... Pero todo depende del significado que le de cada quien.
Para mi la navidad fue la mejor y la peor época del año... La ame y luego la odié, pensando en que jamás recuperaría lo pérdido, pero ahora entiendo que la navidad en una ocasión me regalo un ángel y luego una hija, los dos tesoros que llevo en mi corazón.

Fin

Autor: Jacqueline Sandoval

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