Rescate

Tras numerosas aventuras, Daniel Hunter, el cazador de demonios con sangre de vampiro, dio por finalizada su misión en este mundo y decidió viajar al lejano Egipto, en busca del reposo eterno que tanto ansiaba. Pero, como necesitaba dinero para el viaje, se dirigió a cierta ciudad de Nueva Inglaterra, acompañado por su único amigo, el cuervo parlante Mister Poe. Casualmente había llegado a manos de Daniel un libro de magia negra y su idea era vendérselo a un vecino de dicha ciudad, que era un gran experto e

Tras numerosas aventuras, Daniel Hunter, el cazador de demonios con sangre de vampiro, dio por finalizada su misión en este mundo y decidió viajar al lejano Egipto, en busca del reposo eterno que tanto ansiaba. Pero, como necesitaba dinero para el viaje, se dirigió a cierta ciudad de Nueva Inglaterra, acompañado por su único amigo, el cuervo parlante Mister Poe. Casualmente había llegado a manos de Daniel un libro de magia negra y su idea era vendérselo a un vecino de dicha ciudad, que era un gran experto en la materia. Se trataba del conocido agente del FBI John Martins, quien desde hacía varios años dirigía una agencia gubernamental especializada en investigar casos “fuera de lo normal”. Cuando llegó a la casa de Martins, no lo encontró a él, pero sí a su hija Amanda, que conocía a Daniel desde hacía varios años. La muchacha parecía muy tensa y, como no podía disimular su nerviosismo, le confió al cazador el motivo de sus preocupaciones:

-Mi padre se halla prisionero y su vida corre peligro. Hace dos días entró con su equipo en la mansión de Mister Fang, un millonario que estaba diseñando armas de alta tecnología para apoderarse del mundo. Pero la misión fue un fracaso y tanto mi padre como todos sus hombres fueron capturados por los guardianes. Ahora son rehenes de Mister Fang, que ha amenazado con matarlos si el FBI vuelve a interferir en sus planes. Las autoridades están intentando negociar con él para que los libere, pero hasta ahora no han conseguido convencerlo.

-¿Y por qué, en vez de negociar, no envían un buen equipo de rescate?

-Ya saben por experiencia que ningún comando podría acercarse a esa casa sin ser detectado, con todo lo que eso supondría.

-Quizás un solo hombre podría pasar desapercibido.

-¿Y qué podría hacer un solo hombre contra las medidas de seguridad de Mister Fang?

-Quizá nada. Pero yo no soy exactamente un hombre.

Sin esperar a que Amanda dijera nada, Daniel tomó su espada y se dirigió hacia la guarida de Mister Fang, acompañado por su inseparable Mister Poe.

La mansión del criminal se hallaba en una isla privada situada algo lejos de la costa (pero a la que se podía acceder a pie durante la bajamar) y estaba rodeada por un recinto de seguridad casi impenetrable. Mientras Daniel se encaminaba hacia la isla, Mister Poe, posado sobre su hombro, le dijo:

-No sé por qué no esperas a que sea de noche. Entonces todo sería mucho más fácil, mientras que a estas horas la luz solar te debilita.

-De noche la marea está demasiado alta y no podríamos acceder a la isla. Le recuerdo que los vampiros no podemos atravesar el agua salada por nuestros propios medios, si no ya estaríamos en Egipto. Además, a los rehenes se les puede acabar el tiempo en cualquier momento.

Daniel consiguió llegar a la isla sin problemas, burlando tanto a los centinelas de Mister Fang como a los del FBI. Tras una furtiva caminata entre rocas y arbustos, saltó la valla en un punto de difícil acceso, donde la vigilancia era relativamente escasa. Había un perro guardián, pero Mister Poe se posó sobre su hocico y le cerró las mandíbulas con sus poderosas garras, para impedir que ladrara o mordiera a Daniel. Este pudo llegar sin problemas a la parte trasera de la casa, pero entonces apareció el enorme robot centinela que había capturado al equipo de Martins dos días antes. Daniel sacó su espada y golpeó al monstruo metálico con todas sus fuerzas. Aunque este se hallaba protegido por un blindaje bastante sólido, la fuerza de Daniel y la dureza de su espada consiguieron hender aquella coraza casi impenetrable. Sin embargo, el robot estaba programado para morir matando: cuando la espada de Daniel lo traspasó, emitió una fuerte descarga eléctrica, mortal para cualquier ser vivo ordinario. Si hubiera sido de noche, Daniel habría podido resistirla fácilmente, pero la luz solar lo hacía vulnerable. Así pues, cuando recibió la descarga a través de su espada cayó al suelo y perdió completamente el conocimiento. Atraídos por el ruido, aparecieron Mister Fang y sus guardaespaldas, que, tras examinar rápidamente el cuerpo inerte de Daniel, lo dieron por muerto.

Mister Fang lo miró extrañado y dijo:

-¡Qué raro! Este tipo no parece del FBI. Registradle la ropa, a ver si encontráis alguna insignia o identificación.

Pero los criminales solo encontraron el libro de magia que Daniel pretendía venderle al agente Martins. Se lo entregaron a su jefe, que lo hojeó durante unos segundos y luego lo tiró al suelo con desprecio:

-Esto no vale para nada. No se entiende lo que pone y es demasiado viejo para contener información importante. A juzgar por lo amarillas que están las páginas, seguro que fue escrito antes de que existiera el FBI.

-¿Y qué hacemos con este fiambre?

-Arrojadlo al mar. Dado que está muerto, no podemos usarlo como rehén.

Dicho esto, Mister Fang volvió a su mansión, mientras sus hombres agarraban el cuerpo inerte de Daniel para arrojarlo por un acantilado. Mister Poe, que observaba la escena desde la rama de un árbol, se dijo:

-Esto no va bien. Si arrojan a Daniel por el acantilado, las olas lo arrastrarán hacia mar abierto y ya no podrá resucitar nunca más. Como de costumbre, me toca rescatarlo.

Mister Poe bajó al suelo y abrió con su pico el libro que Mister Fang había tirado al suelo, buscando algún hechizo que pudiera serle útil. El texto estaba escrito en un código secreto, pero él sabía cómo descifrarlo y pronto encontró la invocación que buscaba.

Mientras tanto, los hombres de Fang se habían acercado al acantilado y estaban preparados para deshacerse de Daniel. Pero entonces, respondiendo a la invocación que acababa de proferir Mister Poe, un enorme monstruo marino surgió del agua y empezó a trepar por las rocas hacia donde se hallaban aquellos hombres. Estos, asustados, dispararon sobre la criatura, pero esta tenía un cuerpo muy duro y las balas solo consiguieron enfurecerla. Incapaces de resistir su terror, los criminales soltaron a Daniel e intentaron huir hacia la mansión. Pensaban que el monstruo devoraría al indefenso cazador en vez de perseguirlos a ellos, pero se equivocaban. Aquel monstruo, adaptado al oscuro mundo submarino, era ciego y detectaba a sus presas por los latidos de sus corazones. Pero el corazón de Daniel prácticamente había dejado de latir a causa de la descarga, así que pasó desapercibido para el monstruo. En cambio, los corazones de los criminales latían con fuerza, a causa del pánico y de que lo rápido que corrían. Esa rapidez, sin embargo, resultó inútil. La criatura los atrapó con sus tentáculos y se los llevó consigo en su retorno al abismo de donde había surgido.

Cuando el monstruo marino se marchó con sus víctimas, Mister Poe se posó sobre el pecho de Daniel, que seguía sin sentido, e intentó reanimarlo. Pero sus esfuerzos no tuvieron éxito hasta que el Sol empezó a ponerse. Entonces el cazador dio sus primeras señales de vida y Mister Poe, temiendo que llegaran nuevos enemigos antes de que se despertara, decidió estimularlo diciéndole al oído:

-A ver, Daniel, no es momento de soñar. Porque seguro que estás soñando. Veamos, ¿qué sueños podría sugerirte esta suave brisa marina? ¡Ya sé! Te estás imaginando a la dulce señorita Helene en bikini, ¿verdad?

Incluso antes de abrir los ojos, Daniel agarró a Mister Poe por el cuello y lo arrojó lejos de sí, pues se ponía furioso siempre que el cuervo usaba su amistad con Helene, la niña vampiro, para meterse con él.

Mister Fang y el resto de sus hombres habían salido de la casa, aliviados al ver que el monstruo marino había desaparecido para siempre, pero se encontraron con Daniel, a quien consideraban muerto desde hacía tiempo. Como aún no se habían recuperado totalmente del susto que les había dado el monstruo, la visión de un cadáver resucitado fue demasiado para sus nervios. Todos ellos chillaron como niños asustados y se arrojaron al mar, prefiriendo ser arrestados por el FBI antes que enfrentarse a un muerto viviente.

Poco después, Daniel entró en la mansión de Mister Fang, donde no tuvo ningún problema para encontrar y liberar a los rehenes. Mientras los ayudaba a salir de sus celdas, Mister Poe le dijo al oído:

-Y ahora que tienes la playa particular de Mister Fang a tu disposición, ¿por qué no invitas a la señorita Helene a pasar la noche? Imagínate la escena: el reflejo de la luna llena rielando sobre las tersas aguas del mar, la pálida aurora extendiéndose en el horizonte, ella caminando por la playa en bikini…

Esta vez Mister Poe consiguió escapar volando antes de que la mano de Daniel consiguiera alcanzarlo.

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