Parte 3: En las Profundidades de la Oscuridad
Los jóvenes avanzaban con paso tembloroso, adentrándose aún más en el corazón oscuro del bosque de las sombras. Los árboles parecían estirar sus ramas retorcidas hacia ellos, como si intentaran atraparlos en un abrazo mortal. El aire estaba cargado de un olor a podredumbre y descomposición, y cada sonido parecía ser el susurro de los espíritus perdidos.
A medida que se adentraban en la oscuridad, los animales del bosque se volvían cada vez más monstruosos. Lo que antes eran conejos y zorros ahora se habían transformado en criaturas de pesadilla, con ojos ardientes y dientes afilados como cuchillas. Una de estas abominaciones se abalanzó sobre uno de los jóvenes, desgarrando su carne con ferocidad antes de desaparecer en la oscuridad con un gruñido triunfante.
El terror se apoderó del grupo mientras continuaban corriendo, con el miedo palpable en el aire a su alrededor. Cada sombra parecía esconder una amenaza mortal, y cada paso los acercaba más a su inevitable destino. Pero seguían adelante, impulsados por la esperanza de encontrar la flor curativa que podría salvar a sus seres queridos.
Finalmente, llegaron a las orillas de un río serpenteante, donde el agua oscura fluía en silencio, reflejando las estrellas en su superficie. Pero su alivio fue efímero, ya que una figura oscura emergió de entre los árboles al otro lado del río. Parecía un oso a primera vista, pero a medida que se acercaba, reveló una forma distorsionada y monstruosa.
La bestia tenía las patas largas y torcidas, como si estuviera hecha de ramas retorcidas y sombras. Sus garras eran como espadas relucientes, y sus dientes afilados sobresalían de su boca como dagas mortales. Pero lo más perturbador de todo era que la bestia parecía ciega, confiando en su olfato y oído para detectar a sus presas.
Los jóvenes contuvieron el aliento mientras la bestia se acercaba a la orilla del río, su nariz husmeando en busca de su presa. Sabían que debían pasar silenciosamente a su lado si querían sobrevivir, pero el más mínimo ruido podría atraer su atención y sellar su destino.
Uno de los jóvenes, con el corazón latiendo tan fuerte que parecía ensordecerlo, dio un paso en falso y tropezó con una roca oculta bajo el agua. Emitió un grito ahogado mientras se desequilibraba, y el sonido rompió el silencio de la noche como un trueno en la oscuridad.
La bestia giró hacia ellos con un rugido ensordecedor, sus garras brillando con malicia mientras se lanzaba hacia ellos con ferocidad. Los jóvenes corrieron por sus vidas, sintiendo el aliento caliente de la bestia en sus espaldas mientras se abalanzaba sobre ellos con una fuerza devastadora.
Uno de los jóvenes fue alcanzado por las garras de la bestia, su carne desgarrada en un instante y su cuerpo lanzado hacia un lado como un muñeco roto. Gritó de agonía mientras la bestia lo mutilaba sin piedad, dejándolo desangrándose en el suelo mientras se alejaba en busca de nuevas presas.
Los jóvenes continuaron corriendo, con el miedo ardiendo en sus venas y el eco de los gritos de su amigo resonando en sus oídos. Sabían que debían encontrar la flor curativa antes de que fuera demasiado tarde, antes de que el bosque de las sombras se cobrara más víctimas en su abrazo gélido y oscuro.
Finalmente, emergieron de las profundidades del bosque, con el alivio inundando sus corazones al ver la luz de la luna brillando sobre ellos. Pero su alegría se vio empañada por el dolor y la pérdida que habían sufrido en su viaje. Lloraron por sus amigos caídos, cuyos nombres serían susurros en el viento del bosque para siempre.
Sin embargo, sabían que no podían detenerse. Aunque habían escapado del bosque de las sombras, sus horrores los perseguirían en sus pesadillas por el resto de sus días. Pero mientras tuvieran aliento en sus pulmones y esperanza en sus corazones, seguirían adelante, determinados a encontrar la flor curativa y traer un rayo de luz a las sombras que los rodeaban.
Continuará...





