¡Estamos en octubre! ¡El mes del terror! Y, sin embargo, nunca antes el terror había estado más muerto que hoy en día.
No es novedad que este género está pasando por un mal periodo de decadencia cinematográfica. No obstante, el día de hoy quiero hablarles de una película que, en tiempos de monotonía argumental, creo que nos sirve como una más que decente reinterpretación a uno de los subgéneros más maltratados en las últimas décadas: el slasher.
Para quienes no estén relacionados con el concepto, el “Slasher” fue en su momento el subgénero más popular dentro del cine de terror; estas películas se caracterizan por tener de figura central a un asesino o ente malévolo cuyas principales víctimas son adolescentes, en estas películas, las figuras de autoridad como padres o policías no son más que un mero adorno, brillando por su ausencia, apareciendo sólo para reprimir a los jóvenes y no brindarles ningún tipo de ayuda. Por lo tanto, los desafortunados chicos tienen que encargarse por sus propias manos de lidiar con el villano de turno. Ejemplos clásicos del slasher son: “Viernes 13”, “Halloween”, “Pesadilla en Elm Street”, “Masacre en Texas”, etc.
Más allá de sólo mostrar asesinatos, estas películas sirvieron en su tiempo como una especie de “moralejas” que buscaban exponer a los jóvenes, los peligros de las drogas, el alcohol y el sexo prematuro. Los protagonistas de estas historias siempre se encuentran haciendo alguna de estas acciones (si es que no todas) para ser luego brutalmente asesinados de manera gráfica. Destaca siempre la figura del chico fiestero y drogo, el chico guapo y heroico, la chica suelta que le gusta acostarse con el guapo, y la chica dulce e inocente, cuya inteligencia la hacía muchas veces la vencedora final de la cinta.

Lo que alguna vez fue una receta perfecta para atraer a hordas de jóvenes que deseaban ver sexo y violencia explícita, terminó pasándole factura al slasher, pues al ser una fórmula tan puntual, el género se hizo viejo, dejó de innovar y el tiempo se encargó de ponerlo en una postura de antaño. Es ahí donde me atrevo a hablar de “It Follows”, película de terror del año 2016.
Esta cinta, dirigida por David Robert Mitchell, cumple en base con todos los criterios de los slasher clásicos: chicos saliendo a tener sexo a espaldas de los padres, poca presencia estos, y un ente maligno que busca matar a los protagonistas. Entonces… ¿Qué ofrece esa propuesta? Pues, la manera en la que usa estos elementos para dar pie a algo nuevo. Como vimos, en los clásicos slasher, velaba la violencia por sobre el suspenso, y eso es algo que en esta película se escapa, la dirección no se enfoca en hacernos ver litros de sangre, sino en hacernos sentir atrapados, asfixiados; con una simple idea plantean algo sumamente aterrador: la vulnerabilidad.
La película no reemplaza a los viejos clichés con personajes innovadores, pero los descoloca en lugares estratégicos: la chica inocente ya no es la salvadora del día, sino que ahora es la principal víctima; el chico cool pasa a ser un tipo que pierde fácilmente el control de las situaciones, y el villano no es una figura definida, sino que desconocida e incomprensible.
El apartado de la producción también merece especial mención, dado que la estética de la cinta es ambigua, nos posiciona en un espacio atemporal, desconocido. Cuenta con una fotografía adecuada y efectos visuales mínimos que nos sorprenden por la sutileza la ejecución que, con lo más mínimo, crea ambientes claustrofóbicos y momentos interesantes de apreciar.
“It Follows” puede no ser un largometraje demasiado novedoso o la digna reencarnación de un subgénero que lleva muerto años, pero lo que sí se atreve a hacer es traernos propuestas que faltan en el mercado del cine del terror, que invita a no seguir con las viejas fórmulas, sino honrarlas experimentando algo nuevo con lo que ya tenemos. Sumamente recomendable, no te hará huir de la sala, pero sí te dará buenos momentos de tensión.
Autor: El Migue





